Canto a Teresa (fragmento) ¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías, ¡ah! ¿dónde estáis que no corréis a mares? ¿Por qué, por qué como en mejores días, no consoláis vosotras mis pesares? ¡Oh! los que no sabéis las agonías de un corazón que penas a millares ¡ah! desgarraron y que ya no llora, ¡piedad tened de mi tormento ahora! ¡Oh dichosos mil veces, sí, dichosos los que podéis llorar! y ¡ay! sin ventura de mí, que entre suspiros angustiosos ahogar me siento en infernal tortura. ¡Retuércese entre nudos dolorosos mi corazón, gimiendo de amargura! También tu corazón, hecho pavesa, ¡ay! llegó a no llorar, ¡pobre Teresa! ¿Quién pensara jamás, Teresa mía, que fuera eterno manantial de llanto, tanto inocente amor, tanta alegría, tantas delicias y delirio tanto? ¿Quién pensara jamás llegase un día en que perdido el celestial encanto y caída la venda de los ojos, cuanto diera placer causara enojos? Aun parece, Teresa, que te veo aérea como dorada mariposa, ensueño delicioso del deseo, Sobre...
Matrioshka Sueño que despierto otra vez, que lo que pensaba vigilia no era más que otro sueño, vida que se creía única, completa, justo meses antes de nacer. Sueño, imagino, presiento que tal vez sea una matrioshka en el seno de otra mayor, que ésta no será la senda última, sin meta, ni horizonte claro en que crecer. Luciano Maldonado (Gijón - 2025)
La más bella niña La más bella niña de nuestro lugar, hoy viuda y sola y ayer por casar, viendo que sus ojos a la guerra van, A su madre dice, Que escucha su mal: Dejadme llorar Orillas del mar. Pues me disteis, madre, En tan tierna edad Tan corto el placer, Tan largo el pesar, Y me cautivasteis De quien hoy se va Y lleva las llaves De mi libertad, Dejadme llorar Orillas del mar. En llorar conviertan Mis ojos, de hoy más, El sabroso oficio Del dulce mirar, Pues que no se pueden Mejor ocupar, Yéndose a la guerra Quien era mi paz, Dejadme llorar Orillas del mar. No me pongáis freno Ni queráis culpar, Que lo uno es justo, Lo otro por demás. Si me queréis bien, No me hagáis mal; Harto peor fuera Morir y callar, Dejadme llorar Orillas del mar. Dulce madre mía, ¿Quién no llorará, Aunque tenga el pecho Como un pedernal, Y no dará voces Viendo marchitar Los más verdes años De mi mocedad? Deja...
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