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Mostrando entradas de septiembre, 2026

Adagio de un hombre discreto

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    Adagio de un hombre discreto                                                                      (Relato que me publicaron en la revista Type Literaria)   —Pues podemos quedar en el café Le Giubbe Rosse . ¿Qué les parece?… A las cinco y media, sí. Pero sólo para un cuarto de hora, que hoy tengo un día muy ocupado. Y, efectivamente, como si aquel hombre fuera el encargado de mover en ese instante el minutero del reloj de pared, allí se presentó a la hora señalada. Su compañero, el fotógrafo, lo estaba esperando en la puerta del local y lo acompañó hasta la mesa en que se encontraba Máximo. Éste, poco antes de incorporarse para saludar al recién llegado, le hizo una discreta señal a un camarero situado detrás de la barra, quien de forma inmediata manipuló en los botones de un toca...

60 aniversario de "El bueno, el feo y el malo"

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    60 aniversario de "El bueno, el feo y el malo"   El pasado mes de julio se celebraron los actos conmemorativos del 60 aniversario del rodaje de la película "El bueno, el feo y el malo". Dichos actos (simposio, conciertos, escenificaciones teatrales) tuvieron lugar en los mismos escenarios en que se rodó esta mítica película western. Me estoy refiriendo a varios sitios muy cercanos entre sí de las tierras de Burgos (España): Sad Hill (así llamado en la película el cementerio en que se desarrollan las escenas finales del trielo, o duelo a tres entre los protagonistas), Betterville (así conocido el fuerte de prisioneros sudistas, también el puente Langstone, hoy desaparecido y, en su momento, levantado sobre el río Arlanza. Este western no sólo es el mejor de los 800 que se rodaron en Europa (principalmente en Italia, España y Alemania), sino que en opinión de muchos críticos es uno de los mejores de la historia del cine, en un podium que podría estar ocupado por ...

La Dama Blanca

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  La Dama Blanca A mediados de los setenta, cuando los hombres aún se quitaban la boina al entrar en el banco y las libretas de ahorro tenían un prestigio casi religioso, la sucursal de la Caja Provincial de aquel pueblo castellano abría a las nueve en punto. A las nueve y media, el director ya estaba en su despacho fumando el primer cigarro del día. El empleado llamó suavemente a la puerta. —¿Se puede? —Pasa, hombre. Entró con una carpeta marrón bajo el brazo y cerró la puerta con cuidado, como si fuera a comunicar una mala noticia. —Ya he hablado con don Julián. —¿Y qué impresión te ha dado? —Pues… buena, la verdad. Muy educado. Seguro de sí mismo. Ya sabe usted que quería abrir el almacén de fertilizantes antes de otoño y necesitábamos comprobar ciertas cosas. El director asintió lentamente. En el pueblo se sabía que Julián viajaba mucho. Demasiado para alguien que, oficialmente, apenas tenía tierras propias. Pero también se sabía otra cosa: todos los veranos ...