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Mostrando entradas de julio, 2026

Joyas (96) En paz (Amado Nervo)

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   En paz Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino  que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje las mieles o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales, coseché siempre rosas. Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno! Hallé sin duda largas las noches de mis penas; mas no me prometiste tan sólo noches buenas; y en cambio tuve algunas santamente serenas... Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!                                                                      Amado Nervo 

Pulchra leonina

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  Pulchra leonina Sabes que está ahí, que siempre ha estado ahí, pero no en un punto fijo, sino en toda la ciudad. Al pasear por sus calles presientes, una vez más, el reencuentro inevitable, porque es poderoso imán, porque te ha estado aguardando, ha estado ahí esperándote, -siete siglos ya han pasado- firme en pie, sin descansar. Sabes que es tu destino, que aunque intentas postergar, con cruel espera el momento, tus ojos son peregrinos, sed de fe ante el monumento, que éste es guía en el camino, piedra de oro hacia la altura, magia y luz de catedral. Y también sabes que, cuando sea asilo su seno, el poder de sus vidrieras prenderá un instante tu alma, que no hay nada de valor en lo que en tu entorno dejas, que nada que tú apreciabas antes ya vale nada.                                       Luciano Maldonado...

Joyas (95) Vivo sin vivir en mí (Santa Teresa de Jesús)

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    Vivo sin vivir en mí   Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero. Vivo ya fuera de mí, después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí: cuando el corazón le di puso en él este letrero, que muero porque no muero. Esta divina prisión, del amor en que yo vivo, ha hecho a Dios mi cautivo, y libre mi corazón; y causa en mí tal pasión ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero. ¡Ay, qué larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros, esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida! Solo esperar la salida me causa dolor tan fiero, que muero porque no muero. ¡Ay, qué vida tan amarga do no se goza el Señor! Porque si es dulce el amor, no lo es la esperanza larga: quíteme Dios esta carga, más pesada que el acero, que muero porque no muero. Solo con la confianza vivo de que he de morir, porque muriendo el vivir me asegura mi esperanza; muerte do el vivir se alcanza, no...