Guiño del destino
Guiño del destino La tarde había caído con una luz anaranjada, de esas que hacen que las fachadas parezcan más viejas y los pensamientos más densos. Verónica caminaba por una calle estrecha del casco antiguo, siguiendo la dirección que le había enviado Laura, su compañera de trabajo: “Ve, aunque sea por curiosidad. Mi amiga dice que es un tipo peculiar, que de verdad la ha ayudado bastante”. Encontró el cartel: “Consultas espirituales. Maestro Elías”. Subió las escaleras con la sensación de estar entrando en un lugar que no terminaba de encajar con su vida racional. El rellano olía a incienso y madera húmeda. La puerta, esta se abrió casi de inmediato. El hombre que la recibió tenía unos ojos sorprendentemente claros, como si siempre estuvieran a punto de descubrir algo. El despacho era pequ...