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Joyas (94) Ansiedad (José Enrique Sarabia)

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  Ansiedad Ansiedad de tenerte en mis brazos Musitando palabras de amor Ansiedad de tener tus encantos En la boca volverte a besar Tal vez esté llorando mi pensamiento Mis lágrimas son perlas que caen al mar El eco adormecido De este lamento Hace que estés presente En mí soñar Quizás esté llorando al recordarme Y estreches mi retrato con frenesí Hasta tu oído llegué La melodía salvaje Del eco de la pena De estar sin ti Ansiedad de tenerte en mis brazos Musitando palabras de amor Ansiedad de tener tus encantos En la boca volverte a besar Tal vez esté llorando mi pensamiento Mis lágrimas son perlas que caen al mar El eco adormecido De este lamento Hace que estés presente en mí soñar Quizás esté llorando al recordarme Y estreches mi retrato Con frenesí Hasta tu oído llegué La melodía salvaje Del eco de la pena, pena de estar sin ti

Deserción

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    Deserción      Apenas había dormido dos horas en toda la noche. Larga noche dando vueltas en la cama, marioneta de los nervios, repasando su vida, ya octogenaria. No habían faltado las imágenes de su deserción de la Unión Soviética, con treinta años. Aquel campeonato deportivo en México, con invitación de familiares, era una oportunidad para huir del control de la delegación. Lo tenían bien planeado: saldría por la puerta trasera del gimnasio y se encontraría en el sitio acordado con su mujer y su pequeño hijo. Pero no resultó así y sólo pudo escapar él. Todo contacto se vio truncado tras el férreo telón de acero que volvía a encerrar a su familia. Si se entregaba, nadie le libraría de la cárcel. Era una posibilidad que habían contemplado. Los dos la descartaron.      Vinieron años difíciles. De adaptación a nuevas costumbres, al idioma; con un añadido: la vigilancia extrema para evitar un secuestro o atentado. Que una figura tan aclamada c...

Joyas (93) Canto total a España II (Victoriano Crémer)

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    Canto total a España II  Más que verte, sentirte en las entrañas y asistir al galope de tu voz en mis venas, y rehogar el alma en tu aceite y tu lumbre mientras los dientes mascan tu resollar de tierra. Pero no basta tu nombre, aunque me azote como un bosque de espadas violentas; ni tu aliento abrasado, aunque derrumbe mis tristes huesos de arena. Que tu nombre, o tu aliento, o tu mirada caminos son que al corazón te llegan; partes crujientes de tu ser más hondo, sosegados perfiles que te muestran. (Así el redondo son, lejano y tímido, sino tu voz tan sólo, su musical presencia). Te necesito a ti España, toda; cuarzo gigante, macizo bosque o piedra; cielo total de corazones en pena. Te necesito España unánime y entera como el clamor del viento sobre la mar inmensa. No España tuya o mía. ¡España nuestra! Geografía íntegra, trasvasada en halago de materna entereza. Porque todos son hijos de tu carne y tu sangre, sueños de tu vigilia, cuchi...

Joyas (92) Estoy hecho de pedacitos de ti (Antonio Orozco)

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  Fue la verde luz Que sale de tus ojos, esa luz Que alumbra la distancia entre tú y yo, Que llena de esperanzas mi renglón. Esa luz que recompone lo que compone, Esa luz Fue tu abrazo añil El que pinta con caricias el candil, Que alumbra cada nota de mi voz, Mimando con susurros el temblor De este amor que se desboca si lo provocas, Este amor Fue un abrazo de tu amor con guantes, Con sonrisas que me regalabas, El saber que sin ti no soy nada. Yo estoy hecho de pedacitos de ti, De tu voz, de tu andar, De cada despertar, Del reír, del caminar, De los susurros de abril, Del sentir, del despertar, Aunque la noche fue gris, Del saber que estoy hecho De pedacitos de ti. Fue la verde luz La dueña de mis noches, esa luz Que entrega cada pétalo de amor, Que aspira a las sonrisas con sabor, Esa luz que recompone mis emociones, Esa luz Fue un abrazo de tu amor con guantes, Con sonrisas que me regalabas, El saber que sin ti no soy nada. Yo estoy hecho de pedacitos de ti. De tu voz, de tu anda...

Guiño del destino

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      Guiño del destino           La tarde había caído con una luz anaranjada, de esas que hacen que las fachadas  parezcan más viejas y los pensamientos más densos. Verónica caminaba por una calle  estrecha del casco antiguo, siguiendo la dirección que le había enviado Laura, su compañera  de trabajo: “Ve, aunque sea por curiosidad. Mi amiga dice que es un tipo peculiar, que de  verdad la ha ayudado bastante”.               Encontró el cartel: “Consultas espirituales. Maestro Elías”. Subió las escaleras con la  sensación de estar entrando en un lugar que no terminaba de encajar con su vida racional.  El rellano olía a incienso y madera húmeda. La puerta, esta se abrió casi de inmediato.           El hombre que la recibió tenía unos ojos sorprendentemente claros, como si siempre  estuvieran a punto de descubrir algo. El despacho era pequ...

Joyas (91) Nací para poeta o para muerto...

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  Nací para poeta o para muerto... Nací para poeta o para muerto, escogí lo difícil —supervivo de todos los naufragios—, y sigo con mis versos, vivita y coleando. Nací para puta o payaso, escogí lo difícil —hacer reír a los clientes desahuciados—, y sigo con mis trucos, sacando una paloma del refajo. Nací para nada o soldado, y escogí lo difícil —no ser apenas nada en el tablado—, y sigo entre fusiles y pistolas sin mancharme las manos.                                 Gloria Fuertes