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Joyas (93) Canto total a España II (Victoriano Crémer)

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    Canto total a España II  Más que verte, sentirte en las entrañas y asistir al galope de tu voz en mis venas, y rehogar el alma en tu aceite y tu lumbre mientras los dientes mascan tu resollar de tierra. Pero no basta tu nombre, aunque me azote como un bosque de espadas violentas; ni tu aliento abrasado, aunque derrumbe mis tristes huesos de arena. Que tu nombre, o tu aliento, o tu mirada caminos son que al corazón te llegan; partes crujientes de tu ser más hondo, sosegados perfiles que te muestran. (Así el redondo son, lejano y tímido, sino tu voz tan sólo, su musical presencia). Te necesito a ti España, toda; cuarzo gigante, macizo bosque o piedra; cielo total de corazones en pena. Te necesito España unánime y entera como el clamor del viento sobre la mar inmensa. No España tuya o mía. ¡España nuestra! Geografía íntegra, trasvasada en halago de materna entereza. Porque todos son hijos de tu carne y tu sangre, sueños de tu vigilia, cuchi...

Joyas (92) Estoy hecho de pedacitos de ti (Antonio Orozco)

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  Fue la verde luz Que sale de tus ojos, esa luz Que alumbra la distancia entre tú y yo, Que llena de esperanzas mi renglón. Esa luz que recompone lo que compone, Esa luz Fue tu abrazo añil El que pinta con caricias el candil, Que alumbra cada nota de mi voz, Mimando con susurros el temblor De este amor que se desboca si lo provocas, Este amor Fue un abrazo de tu amor con guantes, Con sonrisas que me regalabas, El saber que sin ti no soy nada. Yo estoy hecho de pedacitos de ti, De tu voz, de tu andar, De cada despertar, Del reír, del caminar, De los susurros de abril, Del sentir, del despertar, Aunque la noche fue gris, Del saber que estoy hecho De pedacitos de ti. Fue la verde luz La dueña de mis noches, esa luz Que entrega cada pétalo de amor, Que aspira a las sonrisas con sabor, Esa luz que recompone mis emociones, Esa luz Fue un abrazo de tu amor con guantes, Con sonrisas que me regalabas, El saber que sin ti no soy nada. Yo estoy hecho de pedacitos de ti. De tu voz, de tu anda...

Guiño del destino

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      Guiño del destino           La tarde había caído con una luz anaranjada, de esas que hacen que las fachadas  parezcan más viejas y los pensamientos más densos. Verónica caminaba por una calle  estrecha del casco antiguo, siguiendo la dirección que le había enviado Laura, su compañera  de trabajo: “Ve, aunque sea por curiosidad. Mi amiga dice que es un tipo peculiar, que de  verdad la ha ayudado bastante”.               Encontró el cartel: “Consultas espirituales. Maestro Elías”. Subió las escaleras con la  sensación de estar entrando en un lugar que no terminaba de encajar con su vida racional.  El rellano olía a incienso y madera húmeda. La puerta, esta se abrió casi de inmediato.           El hombre que la recibió tenía unos ojos sorprendentemente claros, como si siempre  estuvieran a punto de descubrir algo. El despacho era pequ...

Joyas (91) Nací para poeta o para muerto...

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  Nací para poeta o para muerto... Nací para poeta o para muerto, escogí lo difícil —supervivo de todos los naufragios—, y sigo con mis versos, vivita y coleando. Nací para puta o payaso, escogí lo difícil —hacer reír a los clientes desahuciados—, y sigo con mis trucos, sacando una paloma del refajo. Nací para nada o soldado, y escogí lo difícil —no ser apenas nada en el tablado—, y sigo entre fusiles y pistolas sin mancharme las manos.                                 Gloria Fuertes 

Perdido el rumbo

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  Perdido el rumbo El sol se filtraba en láminas de oro por la persiana para resaltar con cintas luminosas la alfombra de la habitación del hotel. No; ahora que llevaba un rato con los ojos abiertos y se fijaba más, no era un hotel. Estaba en su habitación. Le ocurría con frecuencia exasperante: salir de la profunda noche a la realidad le suponía una alternancia confusa. Una vez recobrada la confianza de sentirse en lugar conocido, se dijo que tendría que pasear por el muelle, ver los cargueros, los estibadores... Le vendría bien a sus músculos, porque lo cierto era que se encontraba torpe, sin fuerza en los brazos para meterse las mangas de la chaqueta. Y después estaban los pantalones; aunque su mujer le ayudó y recordó que tendrían que haber sido lo primero. Pronto la desilusión minó sus expectativas. Al principio, cuando vio que ella tomaba otra dirección, no dijo nada. Pero luego, perdidos entre el laberinto de bloques qu...

Joyas (90) Aquel verano de mi juventud (Francisco Brines)

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    Aquel verano de mi juventud Y qué es lo que quedó de aquel viejo verano en las costas de Grecia? ¿Qué resta en mí del único verano de mi vida? Si pudiera elegir de todo lo vivido algún lugar, y el tiempo que lo ata, su milagrosa compañía me arrastra allí, en donde ser feliz era la natural razón de estar con vida.   Perdura la experiencia, como un cuarto cerrado de la infancia; no queda ya el recuerdo de días sucesivos en esta sucesión mediocre de los años. Hoy vivo esta carencia, y apuro del engaño algún rescate que me permita aún mirar el mundo con amor necesario; y así saberme digno del sueño de la vida.   De cuanto fue ventura, de aquel sitio de dicha, saqueo avaramente siempre una misma imagen: sus cabellos movidos por el aire, y la mirada fija dentro del mar. Tan sólo ese momento indiferente. Sellada en él, la vida.                                      ...

Joyas (89) Alga quisiera ser (Ángel González)

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    Alga quisiera ser   Alga quisiera ser, alga enredada, en lo más suave de tu pantorrilla. Soplo de brisa contra tu mejilla. Arena leve bajo tu pisada.   Agua quisiera ser, agua salada cuando corres desnuda hacia la orilla. Sol recortando en sombra tu sencilla silueta virgen de recién bañada.   Todo quisiera ser, indefinido, en torno a ti: paisaje, luz, ambiente, gaviota, cielo, nave, vela, viento… Caracola que acercas a tu oído, para poder reunir, tímidamente, con el rumor del mar, mi sentimiento.                                                      (Ángel González)