Adagio de un hombre discreto
Adagio de un hombre discreto (Relato que me publicaron en la revista Type Literaria) —Pues podemos quedar en el café Le Giubbe Rosse . ¿Qué les parece?… A las cinco y media, sí. Pero sólo para un cuarto de hora, que hoy tengo un día muy ocupado. Y, efectivamente, como si aquel hombre fuera el encargado de mover en ese instante el minutero del reloj de pared, allí se presentó a la hora señalada. Su compañero, el fotógrafo, lo estaba esperando en la puerta del local y lo acompañó hasta la mesa en que se encontraba Máximo. Éste, poco antes de incorporarse para saludar al recién llegado, le hizo una discreta señal a un camarero situado detrás de la barra, quien de forma inmediata manipuló en los botones de un toca...