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Joyas (62) No verte (Gerardo Diego)

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    No verte Un día y otro día y otro día. No verte. Poderte ver, saber que andas tan cerca, que es probable el milagro de la suerte. No verte. Y el corazón y el cálculo y la brújula, fracasando los tres. No hay quien te acierte. No verte. Miércoles, jueves, viernes, no encontrarte, no respirar, no ser, no merecerte. No verte. Desesperadamente amar, amarte y volver a nacer para quererte. No verte. Sí, nacer cada día. Todo es nuevo. Nueva eres tú, mi vida, tú, mi muerte. No verte. Andar a tientas (y era mediodía) con temor infinito de romperte. No verte. Oír tu voz, oler tu aroma, sueños, ay, espejismos que el desierto invierte. No verte. Pensar que tú me huyes, me deseas, querrías encontrarte en mí, perderte. No verte. Dos barcos en la mar, ciegas las velas. ¿Se besarán mañana sus estelas?                                ...

Números

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                           Números Alguien me inculcó hace mucho tiempo que los números rigen nuestro entorno, que si encuentras la secuencia justa, en el acto alcanza sentido todo. Diez días ya lejos de mi gente, con nueve presos más que no conozco. Las ocho de esta fría mañana. Siete hombres me arrancan del calabozo y otros seis aguardan en uniforme a leer cinco falsos cargos y oprobios. Fuera hay cuatro viejas enlutadas. Tres cuervos veo arriba, en vuelo corto. Dos, las órdenes: ¡Apunten! ¡Fuego! Uno, el paso atrás para caer al hoyo.                                      Luciano Maldonado               ...

Joyas (61) Ajedrez II (Jorge Luis Borges)

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      Ajedrez II                            Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada reina, torre directa y peón ladino sobre lo negro y blanco del camino buscan y libran su batalla armada.    No saben que la mano señalada   del jugador gobierna su destino,  no saben que un rigor adamantino  sujeta su albedrío y su jornada.    También el jugador es prisionero  (la sentencia es de Omar) de otro tablero  de negras noches y de blancos días.    Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.   ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza   de polvo y tiempo y sueño y agonía?                                     Jorge Luis Borges

17 de agosto de 2017

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    17 de agosto de 2017   9:30  Aprovecho, como de costumbre, unos cuantos minutos en la habitación del hotel para contar algo, mientras  mi mujer regresa del comedor tras dar buena cuenta de sus tostadas del desayuno. Luego dirá -siempre lo hace- que salimos algo tarde por mi culpa.     Nuestro segundo día en Barcelona. El tiempo, de momento, es espectacular. Luce un sol que ya quisiéramos para nosotros un mes seguido en Asturias. La jornada espero que sea inolvidable: lo primero que haremos será dirigirnos a la Sagrada Familia. Hay que ir pronto. Sabemos que se forman grandes colas para ver por dentro el edificio. Si nos entretenemos, puede que no disfrutemos ni poco ni mucho la obra del gran Gaudí. Dejaremos la tarde para pasear por las Ramblas y hacer por allí alguna compra, tal vez una caricatura de los dibujantes o una camiseta de recuerdo para nuestros hijos.       Bueno, te dejo, querido diario. Ya llegó la tardona. ...

Orina y sangre

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  Orina y sangre El subinspector salió al pasillo con rostro serio, reflejo del cansancio acumulado durante horas. Antes de cerrar la puerta, oyó una desesperada súplica desde el interior: “Tiene que creerme, ya no meo sangre”. ―Jefe, lo mismo dice su hermano ―le informó un oficial, acercándose―. Que no querían robar el cáliz, pero que les amenazó; que si no lo hacían, mearían sangre. Que ahora, tras un día bajo nuestra protección, se encuentra mejor. Pero que hay que desconfiar, pues el mexicano es un brujo muy poderoso. El subinspector repasó después las anotaciones de su agenda. Con lo que ya tenía, era el momento para tener una conversación definitiva con aquel hombre. No disponían de mucho tiempo para llevarlos ante el juez. ―Bueno, amigo ―dijo con afabilidad, mirando un instante al abogado de oficio y tomando asiento frente al mexicano―, sabemos lo del robo del coche, el cambio de planes posterior, que querías robar en San Isidoro… Incluso en qué hostal os re...

Joyas (60) El poeta pide a su amor que le escriba (Federico García Lorca)

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    (El poeta pide a su amor que le escriba)    Amor de mis entrañas, viva muerte, en vano espero tu palabra escrita y pienso, con la flor que se marchita, que si vivo sin mí quiero perderte. El aire es inmortal. La piedra inerte ni conoce la sombra ni la evita. Corazón interior no necesita la miel helada que la luna vierte. Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas, tigre y paloma, sobre tu cintura en duelo de mordiscos y azucenas. Llena pues de palabras mi locura o déjame vivir en mi serena noche del alma para siempre oscura.                                         Federico García Lorca

El banco

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                                                                                                                                               El banco   Lo subieron al camión, donde ya se encontraban otros bancos. Una hora más tarde, quedaba anclado a una alfombra de hormigón en la glorieta ce...