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Joyas (70) Caminante, no hay camino (Antonio Machado)

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    Caminante, no hay camino Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar.          (Antonio Machado)

El olor más fétido del mundo

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                                                              El olor más fétido del mundo En cuanto cruzó el portón de la verja, paró el coche, sin recorrer lo que faltaba para llegar al garaje. Los tres se colocaron las máscaras antigás que llevaban preparadas en el asiento trasero, pero sólo él abandonó el vehículo y se dirigió con cierta precaución a la parte trasera de la casa. Tras unos minutos, regresó junto a su mujer e hijo, pendientes de sacar las maletas, y les confirmó un mensaje que parecían saber desde hacía tiempo. — Efectivamente, ha sido por la puerta que da a la piscina. Habrá que cambiar la cerradura. Por lo demás, no he visto más destrozos. No hay peligro. Sus palabras sonaban graves y algo robóticas tr...

Sensaciones

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                Sensaciones Dejar fugaces huellas en la playa, creer que surca tu barco el horizonte, bañarse en luz solar cada mañana, notar que el orbe todo te responde. Alzar, al fin, los muros de una casa, poner a igual compás los corazones, oír con emoción primeras palabras, mecer su descanso con cien canciones. Volver a caminar sobre la arena, arrojar el lastre de empeños vanos, observar con confianza las estrellas, sensaciones de vida en cada paso. Hacer lento repaso de recuerdos, jugar, crecer, sentir, pensar si pienso o si es sólo un soñar entre dos sueños.                         Luciano Maldonado                            (Gijón - 2024)

Joyas (69) El remordimiento (Jorge Luis Borges)

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             El remordimiento He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados.   Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego. Los defraudé. No fui feliz. Cumplida   no fue su joven voluntad. Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte, que entreteje naderías.   Me legaron valor. No fui valiente. No me abandona. Siempre está a mi lado la sombra de haber sido un desdichado.                                      Jorge Luis Borges

El clavo

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  El clavo Juan y Rafael tenían mucho que contarse después de no verse en veinte años. Habían quedado en aquel restaurante y, como era obvio, la cena se alargó. Eran los últimos comensales, pero faltaba apurar el vino. No había camareros; sólo la dueña, que ansiaba cerrar. La conversación era animada. Estaban de acuerdo en todo, pero no en las cadenas de casualidades. —La famosa teoría del caos y el vuelo de la mariposa —dijo Juan para explicarse. —Bobadas —contestó Rafael— Causas y efectos son siempre previsibles. —Mira: ¿conoces ese poema de que por un clavo se perdió un reino?… —No. —Dice que por culpa de un clavo torcido se cayó una herradura; luego, por culpa de esa herradura, se cayeron el caballo y el jinete. Como éste era importante, se perdió la batalla. Y, finalmente, todo el reino. —Anda, Juan, ¡y todo por un clavo!… ¡Demasiado exagerado! —Y dio un manotazo al aire, que acabó por tirar su copa de vino. Enseguida, la dueña acudió con una ba...

Reloj de bolsillo

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  Reloj de bolsillo En lo más intrincado de Las Ubiñas, Javier emprendió una travesía solitaria. Era un montañero experimentado, conocedor de muchas cumbres. Sin embargo, esta vez su caminata le llevaría a un lugar inesperado. El sol apenas despuntaba al comenzar su ascenso. El aire fresco y el canto de los pájaros le acompañaban, pero había algo en el ambiente que le hacía sentir inquietud. Mientras avanzaba, el sendero se volvía más estrecho y las sombras de los árboles más largas. De repente, en un claro del bosque, algo brilló entre las hojas caídas. Entonces descubrió un objeto metálico, algo sucio de tierra. Al limpiarlo, se dio cuenta de que era un reloj de bolsillo antiguo, con una inscripción bajo las agujas: “Para mi amigo David. 1933”. Recordaba historias sobre un montañero desaparecido hacía décadas, más bien rumores con sabor a leyenda. Repasó con la mirada su alrededor, porque una sensación se estaba apoderando de él: sentía que no estaba solo, que...

Joyas (68) Tú me quieres blanca (Alfonsina Storni)

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                                                                              Tú me quieres blanca   Tú me quieres alba, me quieres de espumas, me quieres de nácar. Que sea azucena Sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada. Ni un rayo de luna filtrado me haya. Ni una margarita se diga mi hermana. Tú me quieres nívea, tú me quieres blanca, tú me quieres alba. Tú que hubiste todas las copas a mano, de frutos y mieles los labios morados. Tú que en el banquete cubierto de pámpanos dejaste las carnes festejando a Baco. Tú que en los jardines negros del Engaño vestido de rojo corriste a...