Perdido el rumbo
Perdido el rumbo El sol se filtraba en láminas de oro por la persiana para resaltar con cintas luminosas la alfombra de la habitación del hotel. No; ahora que llevaba un rato con los ojos abiertos y se fijaba más, no era un hotel. Estaba en su habitación. Le ocurría con frecuencia exasperante: salir de la profunda noche a la realidad le suponía una alternancia confusa. Una vez recobrada la confianza de sentirse en lugar conocido, se dijo que tendría que pasear por el muelle, ver los cargueros, los estibadores... Le vendría bien a sus músculos, porque lo cierto era que se encontraba torpe, sin fuerza en los brazos para meterse las mangas de la chaqueta. Y después estaban los pantalones; aunque su mujer le ayudó y recordó que tendrían que haber sido lo primero. Pronto la desilusión minó sus expectativas. Al principio, cuando vio que ella tomaba otra dirección, no dijo nada. Pero luego, perdidos entre el laberinto de bloques qu...