Deserción
Deserción Apenas había dormido dos horas en toda la noche. Larga noche dando vueltas en la cama, marioneta de los nervios, repasando su vida, ya octogenaria. No habían faltado las imágenes de su deserción de la Unión Soviética, con treinta años. Aquel campeonato deportivo en México, con invitación de familiares, era una oportunidad para huir del control de la delegación. Lo tenían bien planeado: saldría por la puerta trasera del gimnasio y se encontraría en el sitio acordado con su mujer y su pequeño hijo. Pero no resultó así y sólo pudo escapar él. Todo contacto se vio truncado tras el férreo telón de acero que volvía a encerrar a su familia. Si se entregaba, nadie le libraría de la cárcel. Era una posibilidad que habían contemplado. Los dos la descartaron. Vinieron años difíciles. De adaptación a nuevas costumbres, al idioma; con un añadido: la vigilancia extrema para evitar un secuestro o atentado. Que una figura tan aclamada c...