Entradas

La Casa del Detenido

Imagen
  La Casa del Detenido  Un historiador y su esposa planean disfrutar de sus vacaciones en un pequeño pueblo del interior de Asturias. Al llegar al hotel, La Pensión del Agua, descubren que el lugar fue conocido antiguamente como La Casa del Detenido. A partir de ese momento, descubrir el motivo de este cambio se convierte en una obsesión que transformará la vida de otros habitantes del pueblo.

La casa del bosque

Imagen
    La casa del bosque Alejandro inauguraba la jubilación. Su vida había girado como perito agrónomo en torno al gran bosque de la comarca. Así es que buscó una zona urbanizable, en una ladera, e instaló una casa prefabricada sobre una plataforma de hormigón. La construcción, de madera, lucía en armonía con su entorno exuberante de pinos y robles, en una planicie circular un poco hundida, como un apetecible trozo de tarta en el centro de un plato. No muy lejos, pendiente arriba, cruzaba una acequia que, finalmente, desembocaba en el pueblo, mucho más abajo. A partir de ahora, disfrutaría cada verano en la casa del bosque. Enseñaría a sus nietos, durante las vacaciones, a distinguir las plantas silvestres, a conocer el lenguaje de los corzos. Eran dos de sus grandes aficiones. —Podrías cultivar un huerto. Nunca aprovechas el agua —llegó a decirle una vez su mujer, viéndolo un tanto ocioso. Hasta que llegó un día en que anunciaron la llegada del gran incendio. La pr...

Joyas (85) Fidelidad (Blas de Otero)

Imagen
               Fidelidad   Creo en el hombre. He visto espaldas astilladas a trallazos, almas cegadas avanzando a brincos (españas a caballo del dolor y del hambre). Y he creído.   Creo en la paz. He visto altas estrellas, llameantes ámbitos amanecientes, incendiando ríos hondos, caudal humano hacia otra luz: he visto y he creído.   Creo en ti, patria. Digo lo que he visto: relámpagos de rabia, amor en frío, y un cuchillo chillando, haciéndose pedazos de pan; aunque hoy hay sólo sombra, he visto y he creído.                                                                      Blas de Otero

Joyas (84) Canto a Teresa (fragmento) (José de Espronceda)

Imagen
  Canto a Teresa (fragmento) ¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías, ¡ah! ¿dónde estáis que no corréis a mares? ¿Por qué, por qué como en mejores días, no consoláis vosotras mis pesares? ¡Oh! los que no sabéis las agonías de un corazón que penas a millares ¡ah! desgarraron y que ya no llora, ¡piedad tened de mi tormento ahora! ¡Oh dichosos mil veces, sí, dichosos los que podéis llorar! y ¡ay! sin ventura de mí, que entre suspiros angustiosos ahogar me siento en infernal tortura. ¡Retuércese entre nudos dolorosos mi corazón, gimiendo de amargura! También tu corazón, hecho pavesa, ¡ay! llegó a no llorar, ¡pobre Teresa! ¿Quién pensara jamás, Teresa mía, que fuera eterno manantial de llanto, tanto inocente amor, tanta alegría, tantas delicias y delirio tanto? ¿Quién pensara jamás llegase un día en que perdido el celestial encanto y caída la venda de los ojos, cuanto diera placer causara enojos? Aun parece, Teresa, que te veo aérea como dorada mariposa, ensueño delicioso del deseo, Sobre...

Matrioshka

Imagen
  Matrioshka Sueño que despierto otra vez, que lo que pensaba vigilia no era más que otro sueño, vida que se creía única, completa, justo meses antes de nacer. Sueño, imagino, presiento que tal vez sea una matrioshka en el seno de otra mayor, que ésta no será la senda última, sin meta, ni horizonte claro en que crecer.                                                    Luciano Maldonado                                                          (Gijón - 2025)

Magnet Love

Imagen
            Magnet Love Hands that reach for hands. Faithful eyes, captive of gazes. A mouth eager for those tyrants lips. Strange feet, chasing foreign steps of other footsteps near. My strength has already been stolen. My attempts to resist are vain. The heart only answers calls: to longing, to proud dreams, lover’s rendezvous sent by two surrendered humans, aware their souls are tightly bound.                                                              Luciano Maldonado                                                 ...

Joyas (83) Rima LXXIII: Qué solos se quedan los muertos (Gustavo Adolfo Bécquer)

Imagen
    Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, taparon su cara con un blanco lienzo, y unos sollozando, otros en silencio, de la triste alcoba todos se salieron. La luz que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la sombra del lecho; y entre aquella sombra veíase a intervalos dibujarse rígida la forma del cuerpo. Despertaba el día, y, a su albor primero, con sus mil ruïdos despertaba el pueblo. Ante aquel contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas, yo pensé un momento: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! De la casa, en hombros, lleváronla al templo y en una capilla dejaron el féretro. Allí rodearon sus pálidos restos de amarillas velas y de paños negros. Al dar de las Ánimas el toque postrero, acabó una vieja sus últimos rezos, cruzó la ancha nave, las puertas gimieron, y el santo recinto quedóse desierto. De un reloj se oía compasado el péndulo, y de algunos cirios el chisporroteo. Tan medroso y triste, tan osc...